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Humberto de la Calle analiza el triunfo de Abelardo De La Espriella como un voto de corrección
En un fragmento de su libro "La democracia fatigada", publicado por El Tiempo de Colombia, el exsenador sostiene que el resultado electoral expresó un giro hacia la seguridad sin cancelar el malestar social. También advierte sobre el desgaste de la democracia liberal y de sus instituciones.
En un fragmento de La democracia fatigada difundido por El Tiempo de Colombia, Humberto de la Calle plantea que la victoria de Abelardo De La Espriella no debe leerse como un simple retorno a una supuesta normalidad política, sino como una expresión de inconformidad social canalizada a través de una demanda de orden y seguridad.
Según el autor, una mayoría electoral eligió una candidatura asociada a la mano dura y al rechazo del proyecto del Pacto Histórico, pero eso no implica que hayan desaparecido las razones que antes hicieron posible el ascenso de Gustavo Petro. De la Calle sostiene que persisten problemas como la desigualdad, las fracturas sociales, el abandono de regiones, la fragilidad de la justicia, las redes clientelares y el deterioro de la representación política.
En ese marco, afirma que De La Espriella capitalizó el miedo y el desgaste del gobierno de Petro. A su entender, el voto no respondió a una adhesión ideológica plena, sino a una voluntad de corregir el rumbo frente a la inseguridad, el tono del discurso oficial y la relación del Ejecutivo con jueces, Congreso y órganos de control.
El exsenador también señala que una parte del electorado pudo haber mantenido su apoyo a reformas sociales y políticas redistributivas, aunque rechazó lo que define como improvisación, resentimiento y lógica de confrontación en el oficialismo. En esa línea, remarca que el país no abandonó su malestar de fondo, sino que lo reencauzó.
De la Calle agrega que los dos últimos ciclos electorales mostraron el peso de candidaturas por fuera de la línea política tradicional. En su lectura, tanto en 2022 como en 2026 actuaron las dolencias de una democracia desgastada, cada vez menos apoyada en lealtades partidarias estables y más condicionada por el humor social y la percepción sobre la seguridad.
El texto además amplía el foco hacia una crítica sobre la fatiga de la democracia liberal. Allí advierte que la desconfianza ya no alcanza solo a los partidos o a la dirigencia, sino también a reglas, contrapesos, límites institucionales y procedimientos. En ese punto, ubica al gobierno de Petro como una expresión local de una tendencia más amplia, al cuestionar al Congreso, las decisiones judiciales, a la prensa y al papel de la legalidad.
Para el autor, el cambio de gobierno no clausura la discusión sobre los problemas de fondo de Colombia. Por el contrario, sostiene que la reabre y que la elección mostró, al mismo tiempo, una sociedad fatigada y una democracia que todavía conserva capacidad de alternancia y corrección.
Fuentes
Sobre esta nota. Redactada por El Notero con asistencia de inteligencia artificial, a partir de lo publicado por el medio citado. El Notero no hizo reporteo propio sobre este hecho.





